Querida Kelly:
Te escribo para agradecer la increíble tarde que pasamos juntas el viernes pasado. Lejos de salir sólo a distraernos, siento que he ganado mucho desde ese día. Una señal en mi vida que indica una nueva etapa, esta vez con menos dudas, esta vez con menos tedio. Ha pasado mucho tiempo que no salía con alguien que no era mi enamorado por más de cinco horas. Y no sólo por eso, o quizá por eso, disfruté mucho conversar de todo. Talar las enormes enredaderas de mi vida para poder ver nuevamente algo de luz. Siempre me agradó encontrar personas con las que uno puede ser transparente de una manera increíble. Todas esas costumbres que perdí en los últimos cuatro años. Una fase negra pero absurdamente necesaria. Imagínate que no sólo crece mi alma, sorprende que hasta sienta mi cuerpo está más fuerte y lleno de vida.
Me agradó saber algo más de tu historia con Jorge y de la maravillosa relación que llevan. Me he dado cuenta que dos personas que se quieren nunca pelean, sólo intercambian ideas de manera inteligente. Wao! Cuanta madurez se necesita para salir compartir un pedazo de tu vida con otra persona ¿no crees? Y en la mayoría de casos madurez es lo último en lo que reparamos cuando sentimos algo, pero es necesario. Meditaba en todo esto cuando estábamos tomando y conversando. Claro, yo fui la primera que se mareo ja ja ja , o creo la única. En fin, luego de nuestra salida comprendí tantas cosas de mí, que decidí dejar atrás todo lo que me hacía daño o me causaba tristeza. No puedo creer todo lo que me he estado perdiendo en los últimos años. Hay tantas posibilidades de alcanzar la felicidad. Recuerdo cuando estaba en el colegio, sólo me bastaba con estudiar y salir de vez en cuando. La felicidad se había convertido en una metáfora cada vez más lejana. El tiempo parece ser una suerte de bestia sin compasión. Sin darte cuenta ya tienes más de 20 años y toda una vida por sobrellevar, no por vivir, sino por sobrellevar. Mis búsquedas de felicidad se convertían en abismos sin final, en una suerte de nudo sin comienzo ni retorno. Finalmente, todo en mi mundo se aclaró y cobró sentido. ¿No es la felicidad lo que nos merecemos todo?
Recuerdo que cuando te conocí y me enteré que estudiabas en bellas artes te dije que cuando ingrese “seriamos amigas para toda la vida” jajaja. Fácil podía sonar a broma, pero por lo menos mientras haya de que hablar, unos cigarritos y algo de alcohol (lo ultimo no es muy necesario y fácil lo anterior a eso tampoco) tendremos mucho que compartir.
Te escribo para agradecer la increíble tarde que pasamos juntas el viernes pasado. Lejos de salir sólo a distraernos, siento que he ganado mucho desde ese día. Una señal en mi vida que indica una nueva etapa, esta vez con menos dudas, esta vez con menos tedio. Ha pasado mucho tiempo que no salía con alguien que no era mi enamorado por más de cinco horas. Y no sólo por eso, o quizá por eso, disfruté mucho conversar de todo. Talar las enormes enredaderas de mi vida para poder ver nuevamente algo de luz. Siempre me agradó encontrar personas con las que uno puede ser transparente de una manera increíble. Todas esas costumbres que perdí en los últimos cuatro años. Una fase negra pero absurdamente necesaria. Imagínate que no sólo crece mi alma, sorprende que hasta sienta mi cuerpo está más fuerte y lleno de vida.
Me agradó saber algo más de tu historia con Jorge y de la maravillosa relación que llevan. Me he dado cuenta que dos personas que se quieren nunca pelean, sólo intercambian ideas de manera inteligente. Wao! Cuanta madurez se necesita para salir compartir un pedazo de tu vida con otra persona ¿no crees? Y en la mayoría de casos madurez es lo último en lo que reparamos cuando sentimos algo, pero es necesario. Meditaba en todo esto cuando estábamos tomando y conversando. Claro, yo fui la primera que se mareo ja ja ja , o creo la única. En fin, luego de nuestra salida comprendí tantas cosas de mí, que decidí dejar atrás todo lo que me hacía daño o me causaba tristeza. No puedo creer todo lo que me he estado perdiendo en los últimos años. Hay tantas posibilidades de alcanzar la felicidad. Recuerdo cuando estaba en el colegio, sólo me bastaba con estudiar y salir de vez en cuando. La felicidad se había convertido en una metáfora cada vez más lejana. El tiempo parece ser una suerte de bestia sin compasión. Sin darte cuenta ya tienes más de 20 años y toda una vida por sobrellevar, no por vivir, sino por sobrellevar. Mis búsquedas de felicidad se convertían en abismos sin final, en una suerte de nudo sin comienzo ni retorno. Finalmente, todo en mi mundo se aclaró y cobró sentido. ¿No es la felicidad lo que nos merecemos todo?
Recuerdo que cuando te conocí y me enteré que estudiabas en bellas artes te dije que cuando ingrese “seriamos amigas para toda la vida” jajaja. Fácil podía sonar a broma, pero por lo menos mientras haya de que hablar, unos cigarritos y algo de alcohol (lo ultimo no es muy necesario y fácil lo anterior a eso tampoco) tendremos mucho que compartir.




